Cambió París por Uva, un pueblo en la meseta mirandesa al que apenas le queda medio centenar de habitantes. Financió su proyecto con micro-mecenazgo, y en 2017 comenzó una aventura que poco a poco va consolidándose. Menina d’Uva es el nombre del proyecto con el que Aline Domingues recupera viñedo en la tierra de sus progenitores y elabora vinos naturales que reflejan de forma extraordinaria las características del terruño de esta singular meseta portuguesa.
Menina de Uva es el proyecto personal de Aline Domingues, una bióloga francesa que dejó París para regresar a Uva, el pequeño pueblo portugués de donde procede su familia, en la región de Trás-os-Montes. Allí comenzó en 2017 un proyecto enfocado en la recuperación de viñedos viejos y variedades autóctonas de la meseta mirandesa.
Tras estudiar Biología y especializarse en procesos de fermentación, Aline trabajó e hizo prácticas en regiones como Borgoña, Languedoc y Portugal, donde se acercó al mundo de los vinos naturales. Su idea inicial era elaborar vino en el Duero, pero terminó apostando por Uva al descubrir el potencial vitícola y el patrimonio agrícola de la zona.
El proyecto comenzó con una sola parcela y fue creciendo poco a poco hasta alcanzar alrededor de 3 hectáreas repartidas en pequeñas viñas viejas de entre 30 y 100 años. Las parcelas están plantadas con variedades autóctonas como Doña Blanca, Juan García, Bastardo, Malvasía o Moscatel Preto, sobre suelos de esquisto, cuarzo y arcilla.
La filosofía de Menina de Uva se basa en una viticultura de mínima intervención, sin productos de síntesis y con un fuerte enfoque en la recuperación de la vida del suelo mediante cubiertas vegetales y compost propio. En bodega, las fermentaciones son espontáneas, sin levaduras añadidas y con muy poco o ningún sulfuroso. Los vinos se embotellan sin clarificar ni filtrar.
Sus vinos —como Líquen, Ciste, Palomba o Empusa— buscan reflejar la identidad de la meseta mirandesa: vinos frescos, directos y con una marcada expresión del paisaje y las variedades locales.